jun
5
2012

Es mi sueño, aunque la situación no esté para retos

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El caso de Hilario Ortiz es atípico en el momento actual. En abril decidió dejar su trabajo en una residencia de ancianos después de cuatro años por «diferencias» con su jefe. Estaba seguro de que había concluido una etapa de su vida profesional y de que era el momento de volar por su cuenta, de poner en práctica la idea que siempre tuvo en la cabeza desde que concluyó sus estudios de Terapia Ocupacional en la UBU.
Con los objetivos claros y después de visitar no pocas ventanillas de organismos públicos consiguió inscribir su empresa en Hacienda el 1 de mayo. Se llama ORHU y «nace con la filosofía de prestar ayuda a personas con alguna alteración física, cognitiva y social, así como a sus familiares». Por el momento no dispone de un local donde prestar sus servicios, así que su atención es domiciliaria. Pero se trata de un objetivo que se ha marcado a corto plazo: «Esperaré hasta finales de año para darme a conocer más y abrirme a otras asociaciones».
Ya tiene su primer paciente, además de prestar colaboración en la Asociación ADALID de ayuda a la discapacidad y dificultades de aprendizaje. Pero cuando se quita el uniforme de terapeuta se pone el de joven emprendedor que trata de ‘vender’ las excelencias de su negocio, en una faceta de relaciones públicas que hasta ahora le era desconocida.
Este primer mes de rodaje como autónomo lo ha vivido con suma intensidad, sin llegar a desesperar por los trámites administrativos que ha tenido que superar. «Es el sueño que tengo, aunque ya sé que la situación no está para muchos retos», comenta, al tiempo que reconoce que venció el miedo al contexto actual con «ilusión» porque estaba convencido de que había llegado su «momento». «No tengo cargas económicas y vivo con mis padres», subraya este joven nacido en Perú pero residente en Burgos desde hace 16 años.
En un principio, para su familia fue «duro» entender que dejara un empleo, pero cuando le vieron tan seguro de la decisión tomada no dudaron ni un segundo en apoyarlo. Con esa ayuda y buenas dosis de paciencia y sacrificio avanza día a día en la puesta en marcha de su gabinete terapéutico. Ha tenido que desembolsar unos 3.000 euros en licencias, permisos y publicidad, en la que confía para poder ir creando una cartera de clientes.
Disfruta con la profesión que ha elegido y que terminó hace cuatro años, aunque al principio no supiera muy bien en qué consistía. «Siempre me gustó la rama sanitaria y cuando conocí en qué consistía Terapia Ocupacional supe que era lo mío», asegura. Encontró trabajo en cuanto acabó la carrera, pero ahora quiere caminar en solitario, abrirse a otros ámbitos. Y le ha llegado la hora de ponerse en marcha.

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